Nuestra ciencia y su función social

galileo.jpg¿Qué impacto tiene la ciencia en nuestra sociedad? ¿Cuál debería ser su función como el producto más acabado de nuestra organización social?

Participamos hoy en día de una visión de la ciencia plenamente moderna e instrumental; vemos a la ciencia como un instrumento para el progreso, pero nuestra idea de “progreso” está determinada por la ideología burguesa. El capitalismo nos obliga a ver a la ciencia como una herramienta de transformación de la naturaleza en vistas al beneficio económico, sinónimo para muchos de seguridad, comodidad y progreso.

Pero ¿esto es así en realidad? ¿La ciencia sirve para que estemos más cómodos? ¿Para generar riqueza? ¿Para hacer más fácil y segura la vida? No podemos negar que la ciencia ha servido y sirve a la sociedad en ese sentido, el problema viene cuando se cree que sirve sólo para eso. Otras sociedades, como la antigua, consideraban al conocimiento como un medio de perfeccionamiento de las personas y como un factor importante en la búsqueda de la felicidad. El saber era considerado como algo bueno en sí mismo y quienes lo buscaban eran considerados como los más propiamente libres y los mejores ciudadanos.

 

Vista como un peligro por la conservadora sociedad feudal y como potenciadora de las capacidades y el entendimiento en el renacimiento, la ciencia es la forma en que los seres humanos hemos intentado satisfacer nuestra necesidad de comprender el entorno en que nos desarrollamos y a nosotros mismos. Es fuente de problemas, más que de soluciones, pero este es quizá su mayor atractivo.

Frecuente mente se dice que la ciencia está presente en todos los aspectos de nuestra vida pero ¿esto es así? Una terrible consecuencia de la enajenación capitalista es el alejamiento de la ciencia en que estamos. La enajenación es un fenómeno producido por el capitalismo que consiste en la separación o escisión entre los seres humanos y lo que les pertenece o les es propio; esta separación se da generalmente en beneficio de un tercero que se apropia de aquello de lo que el enajenado ha sido privado. La enajenación económica es la separación entre los seres humanos y el producto de su trabajo: es trabajar para otro, generando mercancías que poco o nada tienen que ver con nuestra vida y nuestros intereses. La enajenación tiene efectos graves en la vida de los seres humanos, porque, siendo nuestra facultad creadora la más importante para nuestra auto realización, la dedicamos por entero a producir mercancías cuyo beneficio se apropiará otro. La enajenación nos quita nuestra capacidad creadora y con ella nuestra personalidad. Como el tiempo que invertimos en el trabajo es en realidad nuestra vida, es vida lo que el capitalista nos arranca al ponernos a producir sus mercancías o sus servicios.

Lo mas propio, lo más nuestro que poseemos es nuestra propia vida, la que se convierte en mercancías que nos son totalmente ajenas. La enajenación es el corazón de la explotación.

La enajenación económica se mantiene gracias a la enajenación ideológica que, muy someramente hablando, consiste en infundir en las mentes de los explotados ideas que los hagan estar conformes con la explotación de que son objeto. Así, el explotado puede explicarse racionalmente el por qué es explotado; se le enseña a ver la explotación como algo justo e inevitable.

Volviendo a nuestro tema. La ciencia es un producto de la sociedad y una fuente de dudas y comprensión acerca de nuestro entorno natural, social y de nosotros mismos. Alejarnos de la ciencia es también privarnos de lo que nos es más propio: el saber, el dudar, el reflexionar.

Ojalá que la ciencia estuviera presente en nuestras vidas, pero sólo está presente en las mercancías que consumimos. Estamos usando lo mejor que hemos creado como sociedad en los últimos 2500 años para beneficio de los dueños de las empresas: los capitalistas. El impacto de la ciencia en nuestra sociedad sólo se verifica por la presencia en el mercado de productos tecnológicos, pero no por una sociedad más crítica, inquieta y creativa.

La visión meramente instrumental de la ciencia genera, junto con una gran especialización, el alejamiento de ella de la mayoría de las personas. Se vive en la creencia de que la ciencia es y debe ser asunto exclusivo de los especialistas, que su conocimiento no es necesario para el común de las personas. Esto es un error, porque la ciencia no tiene el exclusivo objetivo de generar riqueza y hacer más fácil la vida. Ese no es ni siquiera su principal objetivo, más bien es el rol que se le ha impuesto bajo el capitalismo.

La ciencia, desde que existe, sirve para explicar y responde a una imperiosa necesidad humana: la de comprender. Dar por hecho que la ciencia es para unos cuantos, como de hecho se hace, es aceptar que la mayor parte de las personas en nuestra sociedad no tienen necesidad de comprender. Esa es una mentalidad digna de esclavistas; no puede ser aceptada en una sociedad que se precie de ser libre.

¿A dónde nos lleva el alejamiento de la ciencia en que se encuentra inmersa nuestra sociedad? A un nuevo oscurantismo donde no se puede explicar nada, pero no se hace ningún esfuerzo por explicarlo porque ya lo han explicado otros. ¿Para qué saber -dice el oscurantista- si hay otros encargados de conocer, explicar y guiar?

Vivimos un nuevo oscurantismo. Es desmoralizante salir a la calle y percatarse de que los fanatismos religiosos están de vuelta con más fuerza que nunca. La gente vuelve a creer en la astrología, en la brujería y, en general, en la magia. Nuestra gente está desesperada por las terribles condiciones que el capitalismo ha generado: explotación, guerras, destrucción del medio ambiente, desempleo, hambre, etc., pero en lugar de rebelarse, es decir, de tratar de transformar su realidad, se deja llevar por la desesperanza, que es y ha sido siempre el caldo de cultivo idóneo para las supersticiones y el fanatismo religioso. Así, la desesperanza es al mismo tiempo producto y sostén del capitalismo.

Claro que el origen de estos problemas es la formación económico social capitalista, pero hace falta resaltar que el alejamiento entre la sociedad y la ciencia es una buena estrategia de enajenación; Al negar el acceso al conocimiento científico se crea una sociedad más dócil, menos crítica e indefensa ante la manipulación mediática. En este sentido es que la ciencia sí tiene una función moral: dotar de consciencia, de claridad, de una visión del mundo. En una sociedad justa no se puede tolerar que unos pocos se cultiven hasta niveles extraordinarios mientras el resto de la sociedad vivamos en el oscurantismo.

El saber debe ser un derecho porque la vida humana es conocimiento, comprensión. El alejamiento de la ciencia es parte de nuestra deshumanización. Es falso que la ciencia revele una voluntad de dominio; eso es cierto sólo para la ciencia meramente industrial del capitalismo; la ciencia, como búsqueda de comprensión, revela una voluntad de ser.

La ciencia nos dota de una concepción congruente de la realidad. Dota a nuestros pensamiento de la mayor objetividad posible. Para ser congruentes hoy en día sí es necesaria una formación científica, pues ella nos acerca a la visión más congruente y armónica de la realidad que como especie hemos construido. El acceso a la ciencia debería ser un derecho inalienable.

Es claro el por qué nos alejan de la ciencia: para hacer más fácil nuestro sometimiento. Alguien podría objetar: “Pero si la ciencia está en los planes de estudio desde los niveles más elementales; ¿cómo puedes decir que hay un alejamiento provocado?” En la escuela se nos ofrece una ciencia deshumanizada, ajena a la vida y a la sociedad. Se nos presenta como una verdad (entre muchas) que hay que memorizar para el examen. Memorizar es casi lo contrario a comprender. Comprender es llegar a un lugar desde donde se ven con mayor claridad algunos problemas y surgen otros; es un paso en un proceso de búsqueda que resulta emocionante, enriquecedor y humanizador. En la memorización no hay ni problemas, ni emoción, ni curiosidad ni nada que haga valorar el conocimiento; es un rumiar mecánico. Así, nos vemos forzados a darle otro sentido al saber: el instrumental. Esto es producto de la perspectiva con que nos acercamos a la ciencia; verdaderamente es una perspectiva de dominación. Pero el objetivo de la ciencia es comprender, explicar. Al volverla un montón de conceptos muchas veces inconexos se le vuelve una simple herramienta. Y no es una herramienta; es el proyecto de la humanidad. Como tal tenemos derecho a participar de él, pero el capitalismo lo vuelve un asunto de elegidos, de especialistas. Esto ocurre porque la ciencia genera ganancia; es otra forma que tiene la burguesía para extraer plusvalor.

¿Cuál es hoy el impacto de la ciencia en la sociedad? De deshumanización, porque nos ofrece una vida ya hecha, con ideales y productos prefabricados, con sopas y sueños precocidos. Es un instrumento de dominación. Una de esas grandes paradojas del mundo capitalista es la de que aquello que debería ser instrumento de nuestra liberación se convierte en medio de sometimiento.

Más que generar productos que nos hagan la vida sencilla, que investigar nuevas fuentes de energía para seguir produciendo cosas que no necesitamos, que alargar nuestras vidas para aburrirnos más a nuestras anchas, el papel de la ciencia en la sociedad actual debería ser el de alcahueta entre nosotros y nuestra libertad, de reveladora para el pueblo de las maravillas del saber y de las posibilidades humanas. En este momento estamos más necesitados de personas críticas, creativas y rebeldes, es decir, de personas con espíritu científico, que de las comodidades superfluas producto de costosas investigaciones científicas.