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Sobre la falsa dicotomía entre halloween y día de muertos

halloween y dia de muertosNo es difícil encontrar en redes imágenes nacionalistas sobre calaveras golpeando calabazas diciendo fuera la costumbre extranjera, panfletos en las calles hablando sobre expulsar esta costumbre “ajena” a nuestra idiosincrasia, puritanos culturales subiendo post sobre altares y calacas mientras expresan su repudio a la “invasión extranjera” y lo mucho que aman el olor a copal y tamales y sin faltar nunca los carteles pegados en las paredes escritos por católicos fundamentalistas que odian esta fiesta que consideran protestante, todos ellos tienen algo en común: se consideran los guardianes de tradiciones culturales y morales y se consideran facultados (sin explicar nunca de donde procede su autoridad) para juzgar elementos de otros pueblos, geógrafas, grupos étnicos o nacionales eligiendo arbitrariamente cuales son aceptables o no para ser aceptados y absorbidos a nuestro acervo colectivo y cuales son expresiones de extranjeros invasores, colonizadores, malinchistas y antimexicanos mientras suenan el himno nacional, se hacen advocaciones al patriotismo como sinónimo de ser guadalupano y se canta alguna canción machista y sentimental de Vicente Fernández.

 

Vemos así, que los más molestos por la así llamada invasión del halloween tiene bastante en común: pertenecen a sectores que la tradición les ha brindado espacios de poder. Por ejemplo la iglesia católica, que durante mucho tiempo ha tenido el monopolio de la explotación religiosa, el lucro con el temor a la muerte y lo desconocido y que a lo largo de los años ha acumulado un enorme capital financiero debido a todo esto ve en estos años menguar su poder, muchos descontentos se han pasado a las versiones protestantes del cristianismo (como bautistas o pentecostales), otros tantos se han dado cuenta de la inutilidad de la religión y ahora son agnósticos o ateos y muchos otros solo con católicos por costumbre: ni van a misa, no aportan al diezmo ni participan en actividades lucrativas para la iglesia como la caridad para lavar dinero de muchas de las asociaciones civiles apenas disfrazadas para lavar dinero y evitar el pago de impuestos o no participan en las actividades de masas como peregrinaciones o fiestas patronales.

Otro buen ejemplo serían los grupos de lo que queda de la burguesía nacional que durante años explotaron el primitivo sentimiento de nacionalismo entre las masas para que aceptaran modelos de sociedad derechistas, consumieran su producción “100% mexicana” o apoyaran las campañas contra minorías en el país (da igual que fuesen religiosas, étnicas o ideológicas) para homogenizar a la población.

O los simples guardianes de la tradición que saben que sus privilegios derivan de mantener estas doctrinas y ritos, como el machismo o la caballerosidad, algunas de las caras del patriarcado que entre otras cosas se mantiene gracias al poder de la tradición.

Hay cierto patrón en la defensa a ultranza del día de muertos. Quienes lo promueven son quienes se benefician de la tradición.

A todo esto ¿Qué es la tradición? Simplemente el conjunto de prácticas, normalmente gobernadas por unas reglas abiertas o tácitamente aceptadas y de una naturaleza ritual o simbólica, el cual busca inculcar ciertos valores y normas de conducta por repetición que automáticamente implica continuidad con el pasado.

Ahora bien, como nos enseña Eric Hobsbawm (historiador marxista y para muchos es más importante historiador del siglo XX) en toda tradición hay un componente de invención. Muchas tradiciones son inventadas por élites locales para justificar su existencia y dominio entre sus gobernados, cumplen con una función, se inventan buscando se arraiguen entre la población cumpliendo un papel social y político: el sentimiento de pertenencia a un grupo y la oposición a otros grupos, creando dependencia sentimental a las propias élites que las explotan.

¿O acaso alguien duda que estos rituales son identitarios? Implantados desde el poder para que se asuman acríticamente como si fuesen propios, no surgieron democráticamente en una comunidad pura y sin contaminar, son costumbres recicladas una y otra vez para generar el mismo efecto: mantener las cosas como están.

Continuemos analizando el día de muertos: si es una tradición “nuestra” es porque se nos educó en ella, y se nos formó en ella por mero accidente geográfico y temporal,  es una tradición sincrética que no elegimos libremente, tradición que se produjo cuando se cambió de amo en los territorios que hoy llamamos México, de quienes tenemos más datos son de los aztecas así que los usaremos de ejemplo, en el periodo posclásico los rituales impuestos por los sacerdotes aztecas para adorar a Huitzilopochtli (dios del sol nacido milagrosamente sin necesidad de un padre) incluían desde el clásico y conocido sacrificio humano pasando por perforarse con espinas de maguey en la lengua, labios o prepucio para ofrecer la sangre derramadas a los dioses, el ayuno y la vigilia además de conquistar gran parte de Mesoamérica para imponer el tributo y un régimen despótico, de los cuales ellos eran los mayores beneficiados, luego llegaron otros sacerdotes adorando a Jesús (quien también nació milagrosamente sin necesidad de un padre) que cambiaron los rituales por adorar a una cruz con un muerto encima, quemar herejes, marcar a las personas como animales para mostrar de quien eran propiedad, esclavitud, abusos sexuales y un sistema basado en la pobreza física y espiritual para sus gobernados de los cuales ellos eran los mayores beneficiados, las semejanzas son evidentes.

Algo similar podemos decir del Halloween, la palabra viene de la forma escocesa de abreviar Allhallow-even es decir, la noche de todos los santos - even de evening, noche; hallow del antiguo inglés halga, santo, y all que significa todos. Es otra tradición sincrética, en este caso druídica, romana y protestante, en el caso de la druídica tenemos algo traído de tradiciones como quemar vivo a un hombre en una estatua de mimbre, el sacrificio de animales o la exclusión social de un individuo (en aquella época una condena de muerte apenas disfrazada) por cuestionar la inmortalidad del alma, ellos celebraban el Samhain, o  fiesta de la cosecha donde llegaban los espíritus, a los buenos se les agasajaba con comida y a los malos se les ahuyentaba con disfraces, los romanos al conquistarlos (quienes también tenían una fiesta de la cosecha) la asimilaron fácilmente y finalmente el catolicismo (el verdadero heredero de la roma imperial) para combatir las fiestas paganas sincretiza nuevamente con el cristianismo estas celebraciones, añadiendo el 31 de octubre a las celebraciones más habituales del 1 y el 2 de noviembre, de ahí los irlandeses (descendientes de los celtas) lo internacionalizan por todo el mundo durante las olas migratorias por la hambruna, la fiesta con tradiciones irlandesas-celtas se populariza entre los protestantes para oponerse al catolicismo y dar una alternativa a las tradicionales festejos del 1 y 2 de noviembre católicas.   

Que existan obvios paralelismos entre el halloween y el día de muertos es obvio, son la misma fiesta, la fiesta de la cosecha y de los muertos que por luchas religiosas y políticas se bifurcaron en dos celebraciones diferentes. (A estas alturas sería ingenuo pensar que el papa en roma solo posee una función meramente religiosa o que el proceso de la reforma, la contrarreforma o la guerra de los 30 años no tuvieron un importante componente político)

Tanto las iglesias protestantes como la católica persiguieron y condenaron cuando y donde pudieron las tradiciones que sus contrapartes sostuvieron.

Ahora bien ¿Debemos de aceptar estas tradiciones acríticamente solo por ser las tradiciones de nuestros antepasados?

Sin excepción, todo bagaje cultural es importado y adaptado de acuerdo al contexto en el cual se encuentra mediante un proceso incesante de mestizaje cultural por las migraciones de personas, ideas y bienes.

Ningún grupo humano ha permanecido siempre en un territorio, todos somos inmigrantes, descendientes de otros que se fueron, que volvieron, que se mezclaron, que se apropiaron, conquistaron o mestizaron por miles de años, por lo tanto es imposible hablar de una tradición única para un grupo humano.

Lo mismo podemos decir del contacto entre grupos humanos, ningún grupo humano ha evolucionado aislado de los demás, hay vestigios de cerámica teotihuacana en Centroamérica (hay algunos estudiosos que lanzan la hipótesis que incluso se llego a comerciar con regiones de lo que hoy es Perú, aunque sigue sin confirmarse) y hay otros ejemplos como la ruta de seda o Alejandría o Atenas las cosmopolis o “ciudades mundiales. Ya en el siglo XIX en El capital Marx describe el (cruel) proceso en el cual nace la globalización de forma moderna (o la globalización capitalista) que hasta ahora en el siglo XXI ha permitido estas corrientes de mestizaje que hoy podemos llamar cultura global, lo cual demuestra (nuevamente) que no hay vínculo o comunidad humana aislada y cuya cultura sea “pura” sin influencia de otra.

La diferencia entre los antiguos procesos de intercambio cultural antes y después de la modernidad capitalista que el desarrollo del capitalismo va de la mano con el desarrollo de un nuevo vínculo, ajeno a los angostos límites entre aldeas o grupos étnicos perfectamente localizables en un mapa, el desarrollo del capitalismo permite la creación de una nueva vinculación humana que antes no habíamos visto jamás: la vinculación universal (el mismo Marx explica en el Manifiesto que el desarrollo del capitalismo hace posible una literatura verdaderamente universal o crea la interdependencia de las naciones) pues esta nueva comunidad universal es el proletariado, esto por supuesto no es una apología al capitalismo, simplemente es el reconocimiento objetivo del carácter revolucionario que en su momento tuvo el capitalismo para superar el feudalismo o el despotismo tributario.

Desde el siglo XIX  estas corrientes de mestizaje son combatidas por quienes ven con peligro el universalismo, quienes viven con miedo que los proletarios del mundo se unan, los sospechosos habituales, en palabras del capitán Renault en Casablanca son los nacionalistas, los fascistas, los fundamentalistas o los posmodernos, por mencionar solo algunos.

Siguiendo la lógica de estos últimos solo podemos festejar el halloween sólo si somos celtas o descendientes de ellos cristianizados en la versión protestante de esta religión, continuando con esta línea argumentativa cualquiera que no cumpla con estas características étnico-históricas festeja halloween es un suplantador de una significación identitaria que no le corresponde según una definición imprecisa lanzada por algún grupo autoritario sin ningún derecho a definir la identidad de otros.

Eso no es solo veladamente racista si no abiertamente estúpido, es como decir que jamás podremos disfrutar la 9 sinfonía de Beethoven porque no somos alemanes o jamás podremos saborear una pizza por no ser italianos, que no podremos escuchar jazz si no somos negros o que nunca podremos brindar con vodka por no ser cosacos a caballo en la estepa rusa..

Los rituales congregan, eso es obvio, tan ritual es la marcha de las catrinas (otra tradición inventada ya que estamos en ello) como la carrera de melones, ir a festejar al ángel de la independencia el triunfo de la selección de futbol, dar el grito en el zócalo o peregrinar al Tepeyac, congregan, si, pero basados en la necesidad o conveniencia de sectores dominantes, de los que mandaron, de los que mandan y de los que quieren seguir mandando no porque nos convenzan de ello en base a la lógica y la razón, si no por la fe y el sentimiento, las tradiciones por sí mismas no tienen ningún valor más que aquel que en conjunto convenimos darle, no son más que significantes vacíos a los cuales damos o llenamos de un significado que puede ser cualquiera.

Lo cual nos lleva a un nuevo punto ¿es malo para nosotros los jodidos, los explotados, los de abajo que se desacralicen estas fiestas? Por supuesto que no, es bueno que deje de ser tabú criticarlas o que nadie se escandalice por decir que son solo eso, fiestas para pasarla bien con las personas con las cuales disfrutas compartir nuestro tiempo, si los seres humanos seguimos festejando es porque nos gusta pasarla bien con aquellos con los cuales queremos formar una comunidad de iguales, bajo esa lógica bien se puede ofrecer tamales y pulque y cantar la llorona en el cementerio o disfrazarse y bailar mientras se comen manzanas acarameladas y cerveza, o ambas, que se haga algo por libre elección y porque se puede es mas subversivo que mantener una tradición, la alternativa es mantener estas sagradas costumbres al servicio de una clase dominante que es la que realmente nos disgrega en un “ellos” contra “nosotros” que tiene la misma racionalidad que un partido entre las Chivas contra el América.

Y finalmente de eso de es lo que se trata, de desacralizar festividades religiosas que no son más que un peso muerto para la historia, esa  es un trabajo realmente urgente, no solo quitarle su carácter hierático a estas celebraciones (oh sorpresa, no solo Jesús y Huitzilopochtli nacieron sin la necesaria intervención biológica de un sujeto masculino, muchos duioses nacieron de la misma forma así como también todas las celebraciones humanas de carácter religioso, o al menos las más importantes caen en los solsticios y equinoccios, y esto no es casualidad) considerar que los espíritus del Samhain vuelvan y debamos de agasajarlos o que hay vida después de la muerte donde nuestra fe y nuestros actos serán juzgados para ser enviados a un plano superior o inferior de existencia o que hay cosas sobrenaturales que no podemos explicar es retrograda, y cada vez menos creen en ello (lamentablemente quienes creen aun son mayoría) pero estas fiestas al perder progresivamente su carácter sagrado hacen que quienes se benefician de estos festejos  usan el fundamentalismo o el chovinismo para reafirmar una hegemonía que están perdiendo.

Estos grupos siempre se presentaran a sí mismos como guardianes de las antiguas tradiciones que vienen desde un pasado remoto (pero como ya vimos no hay tradición que no sea híbrida o que permanezca pura o que sencillamente no se invente) y siempre defenderán que determinada cultura es superior o inferior a las demás (dándole siempre un lugar de primer orden a la propia) ¿acaso debemos de aceptar acríticamente las tradiciones que pretenden que mantengamos solo porque en algún momento las tuvimos o les fue impuesta también a nuestros padres y abuelos? Unas tradiciones basadas en el anti intelectualismo, en el sentimentalismo por encima de la razón, en la fe como algo preferible a la lógica, en la exaltación de la humillación y la humildad, en ideas metafísicas como moral o religión, el desprecio al diferente, que siempre habrá ricos y pobres y que los primeros son ricos por gracia del cielo o por su trabajo duro y que los segundos viven así porque Dios ama a los pobres y es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de dios o que son pobres porque quieren, que protestar es de chairos y que todo aquel que desaparece tras protestar es porque en algo andaba metido… y peor que estas son nuestras tradiciones y que debemos de resguardarlas de los siempre extraños “extranjeros”.

La xenofobia es parte de nuestro pasado, es cierto, pero no es algo para enorgullecernos de ello, no es nuestra tarea mantener viva la llama del nacionalismo cultural y el particularismo, siempre estrecho de miras y en cambio sí lo es combatirlo y presentar algo mejor, como el internacionalismo y el universalismo.

¿Entonces porque la tradición tiene tantos adeptos entre quienes no se benefician de ella?  Simple y sencillamente porque les (nos) ofrece un espacio para la identidad, responder la pregunta “¿Qué somos?” es tan necesaria como comer, dormir o respirar, la tradición ofrece una respuesta a ello, y aunque no tiene nada de malo enorgullecerse de ciertas tradiciones que dan identidad lo más común es que esta identidad sea excluyente, termine en el “ellos contra el nosotros” y por lo tanto se niegue lo enriquecedor que es conocer las miles de expresiones artísticas que el ser humano ha creador.

Porque realmente ¿debemos de negarnos a la experiencia de conocer el sonido de un saxofón, el sabor de un kibbeh o la experiencia del cine solo porque no fueron creados en este país?

No, somos el producto de una diversidad asombrosa y enriquecedora, fruto de miles de años de interacción humana, tan nuestro es Macario tratando de salvar la vela de su vida en las  rutas de Cacahuamilpa como Sam Wilson tocando el piano para Ilsa Lund en Casablanca, como nuestros son los siete samuráis defendiendo una pobre aldea de los bandidos solo por honor o el inmenso océano de Solaris  y el (re)encuentro con Hari o a Marla Singer escuchando un “me conociste en un momento muy extraño de mi vida”  mientras mira al sistema financiero colapsa en explosiones programadas… nuestra cultura no solo es la esperanza desesperada de un padre llevando a su hijo a cuestas esperando a oír el ladrido de los perros  en Tonaya como nuestra es la casa Usher y la delicada salud de Lady Madeline, nuestra es la decisión de Stephen Dedalus afirmando que no servirá más a aquello en lo que no cree, ya se llame hogar, patria o iglesia, nuestra es Scheherezade contando historias hasta el alba, nuestro es el misterio del Sensemayá como la jovialidad y el cinismo de like a rolling stone, nuestro es también es el asedio nazi a una ciudad convertido en música de orquesta en una sinfonía llamada séptima como nuestro es el bebop tocado en cabarets de Nueva York en los años 5º´s…

Todo producto artístico humano, independientemente de la tradición a la cual pertenezca tiene la capacidad de conmover, divertir, interesar o fascinar a cualquiera, conocerlo es abrirnos a nuevas experiencias sin que por ello traicionemos la identidad cultural en la cual fuimos educados, y mucho menos estas experiencias son algo malévolo como quiera decir cualquier posmoderno que afirme que es robo de identidad de otro (cualquier otro) o lo que diga cualquier nacionalista que sea la pérdida de nuestro sentido como nación, estas zafias afirmaciones no tienen cabida más que en mentes estrechas con miedo a perder sus privilegios porque dejamos de considerar sacrosantas las tradiciones que les dan poder sobre nosotros.

Ya se dijo que aceptar la identidad que otros quieren para nosotros no es una jugada inteligente, pero ¿entonces qué?  Sartre afirmaba que a fin de cuentas habríamos de ser aquello que hacemos con lo que hicieron de nosotros, ya fuimos imbuidos en una tradición negativa, se nos afirma hasta el cansancio lo que somos afirmando que no podemos ser algo distinto ¿Por qué no crear nuevas tradiciones entonces? Tradiciones que formen nuevas identidades basadas por ejemplo en la no crueldad con los animales, la lucha por un medio ambiente más sano, en fomentar espacios para el pensamiento libre y crítico o en la búsqueda de un mundo mejor donde todo sea de todos y no existan ni explotados ni explotadores ¿no serían mejores que identidades basadas en accidentes como la nacionalidad, el grupo étnico, la preferencia sexual, la clase social o la mera casualidad de la geografía del nacimiento?

Hagamos un ejercicio de imaginación ¿Y si en vez de la navidad festejásemos el día del dinosaurio? Imagínense, en vez de educar a los niños en el consumismo, en la idea castrante y sádica (típicos del superyó) del pecado, en la obediencia ciega a la autoridad paterna esperando un regalo o al nacimiento de una virgen festejásemos un día dedicado al estudio de los periodos cretácico, jurasico y triásico y se busque entender la evolución de la vida en el planeta, que se les premie por su conocimiento demostrado con evidencias y que se estimule el pensamiento científico homenajeando a los niños más destacados en vez de introducir en ellos pensamiento metafísico, culpa y de obediencia debida que en nada ha servido al desarrollo de la humanidad? Dicho así suena absurdo, casi fantástico, pero seguro que en su momento barbarás tradiciones como la circuncisión, el velo islámico o lanzar bellas jóvenes a un cenote para morir fueron consideradas locuras… si se impusieron fue por la ignorancia y la fuerza, seguro que con el tiempo, en el futuro las nuevas generaciones agradecerían el día del dinosaurio.

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