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La militarización de México

Sheinbaum-militari 1Por Daniel Ramírez | Colectivo La Comuna

El pasado 8 de mayo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) firmó un nuevo documento en el que las fuerzas castrenses tendrán permitido permanecer en las calles apoyando a la policía y la Guardia Nacional (GN) en sus funciones de resguardar la seguridad de la población hasta el 2024. Significa que por cuatro años más al menos el Ejército Mexicano se dedicará a funciones policiales, (Ahora dentro de un marco legal y temporal delimitado es cierto, pero que aún con todo eso nos resulta realmente preocupante) lo que, en administraciones pasadas, MORENA y el mismo AMLO, habían criticado. Pero no son las únicas incongruencias, los panistas, conservadores y otras faunas también se han puesto a criticarle luego de haberlo aprobado con Calderón y Peña Nieto, aunque bueno de esas veletas no nos sorprende tanto el viraje. Y siendo sinceros tampoco nos sorprende tanto de MORENA, ni de AMLO.

 

Lo que nos sorprende es que este era un tema en el que la izquierda mexica tenía un amplio consenso desde hace décadas, esto era algo intolerable, las razones son muchas e históricas. La realidad del Ejército Mexicano sigue siendo esencialmente la misma que en la pasada administración donde se cometieron crímenes tan terribles como Tlatlaya, Ayotzinapa, y Apatzingán, este último ejemplo el principal responsable fue la extinta Policía Federal que sin embargo era una corporación militarizada y que al final se integró a la GN.

GUARDIA-NACIONALA su vez la GN en el papel sería una nueva institución, pero en la realidad es otra corporación castrense. Si la GN (hasta hoy) no se ha destacado como una propuesta valiosa por su innovación es porque no lo es, dado que viene justamente de los mismos planteles de donde sale el Ejército, esta medida se vendió como una estrategia temporal, ahora esta y el Ejército estarán en las calles hasta el fin del gobierno de Andrés Manuel.

Muchos otros votantes que eligieron a este gobierno también parecen haber olvidado que dentro de las propuestas de campaña que le diferenciaban de los otros candidatos y administraciones era que sacarían a los militares de las calles, si su justificación es que saldrán justo cuando termine su administración, me parece un uso tramposo de los términos. Si bien es cierto que hasta hora entendemos su uso no ha sido exactamente el mismo y reconocemos que hasta el momento el nivel de represión y violencia desde el gobierno hacia la sociedad civil no ha sido igual que en el pasado inmediato, nos preocupa enormemente que acciones como esta dejan abierta la puerta de par en par para nuevas agresiones y justificaran en el futuro el uso del Ejército para labores de seguridad porque “la izquierda” ahora también lo hizo.

Además, a pesar de que la saña no es la misma no han cesado el despojo sistémico, ni la criminalización de activistas, y las agresiones a estos siguen siendo el pan de todos los días, muchas de estas con consecuencias letales, la configuración de este sistema hace aún más plausible que con la permanencia del Ejército a las calles, que estos apoyen a las autoridades locales en sus labores de hostigamiento y acoso contra quienes están en contra de los planes del gobierno federal.

Aunque explícitamente no se dé la orden de “reprimir al pueblo” el Ejército Mexicano tiene una historia vergonzante de actuaciones al margen de la ley y el Estado de Derecho, su “Escuela” (rastreable hasta la doctrina contrainsurgente norteamericana) desde al menos 1959, está centrada en destruir los movimientos insurreccionales y la agitación social emanados del mismo interior de la nación a como dé lugar, sin respetar los derechos de civiles, ni las garantías individuales.

López Mateos fue el primer presidente en redirigir las capacidades de las fuerzas castrenses no contra otros ejércitos invasores, o contra secciones del ejército mexicano sublevado, sino contra la propia sociedad mexicana, para combatir la inconformidad social, la doctrina castrense se adaptó para lo que se venía y hasta hoy no se ha reconfigurado, el Ejército fue usado primero contra los ferrocarrileros en 1959, luego contra los telefonistas en 1960, y después contra los estudiantes en diferentes escenarios, hasta los trágicos y conocidos hechos del 2 de octubre de 1968 y el jueves de Corpus en 1971.

Solo por mencionar los movimientos puramente civiles que fueron aplastados por el Ejército Mexicano, de estos movimientos populares podemos decir que no había ninguna justificación para la extrema violencia utilizada para reprimirlos, no pocos autores reconocen que fue este uso de la violencia desproporcionada lo que a su vez llevo a muchos activistas a emplear a su vez métodos violentos, (claro que tampoco fue esa la única razón) lo que dio comienzo a lucha guerrillera.

No faltará quien diga que exageramos, que este Ejército ya es otro, que ya no se dan sucesos como los arriba descritos, sin embargo, hay bastantes pruebas recientes de que la naturaleza del Ejército, la escuela en la que fue desarrollado, no ha cambiado, tampoco se ha reformado, tampoco se han reconocido con la debida puntualidad la participación del Ejército en los crímenes de la llamada Guerra Sucia, las desapariciones forzadas en Guerrero –principalmente-, las torturas, los vuelos de la muerte, numerosas ejecuciones extrajudiciales, incluso en los ‘90 contra los zapatistas y sus bases de apoyo, y de nuevo en Guerrero contra el EPR, los asesinos responsables han ido muriendo de viejos sin que la justicia los alcance, nunca un juicio militar, como mínimo debería haber un reconocimiento de esos crímenes, y una condena enérgica para que jamás se vuelva a usar a las fuerzas armadas contra el mismo pueblo mexicano, cuando algo así suceda, se puede hablar de resarcir el daño, cerrar la herida y poder dar la vuelta a la página.

Por lo mismo en el actual conflicto con el crimen organizado, los abusos contra civiles se sucedieron con lamentable frecuencia, así fue preparado para actuar, y no es difícil encontrar declaraciones de estos sucesos en los archivos (incluso digitales y descargables) de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), estos deshonrosos acontecimientos son más propios de un ejército de ocupación que de un Ejército Nacional.

Estos argumentos no son nuevos, son los que ya se habían esgrimido contra los intentos de otras administraciones para consolidar la militarización en el país, recordamos la opinión del General Gallardo, en una carta al Congreso, cuando se presentó la propuesta de la GN, quien conoce desde dentro la naturaleza del Ejército Mexicano:

“Nadie puede esperar que una institución militar formada mental y doctrinariamente por un largo periodo de autoritarismo, o de intervencionismo militar dominante y sin controles, opresora e impune, concebida y sostenida por un déspota partido de Estado pueda aparecer de pronto, llena de sentimientos democráticos colmada de respeto al pluralismo, a los derechos humanos, a la libertad de expresión.”[1]



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