El conocimiento no debe ser una imposición ideológica, un saber determinado, sino que debe fungir como un camino al desarrollo que va guiado por la curiosidad de la mano de la ética y la empatía para que este se pueda cimentar de forma crítica-consciente y no de forma mecánica.

Las ideas son como las semillas, estas son plantadas, cuidadas para que en determinado momento germinen y empiecen a crecer de manera individual, pero siendo conscientes que forman parte de un todo, la tierra que las vio nacer. En este sentido las ideas se germinan dentro de las y los seres humanos a manera de que el ser se apropia de estas y no estás del ser.

Las semillas tardan en germinar y es que deben tener las condiciones adecuadas para poder desarrollarse dentro de la tierra, influyendo directamente sobre estas el ambiente, las y los cuidadores, la satisfacción de las necesidades individuales y colectivas, los nutrimentos esenciales para la maduración de esta y claro el agua que impulsará de manera sustancial su camino en el desarrollo para poder brotar como tallo y progresivamente florecer; lo mismo pasa con las personas y las ideas e ideologías. 

La academia como institución que conforma al estado capitalista patriarcal no es la creadora de conocimientos, sino que la academia se apropió del conocimiento creado por la humanidad para ser transmitido en sus (J)aulas. Esta promueve la idea de interpretar la realidad, pero no se acerca, ni un poco a la transformación de esta. Siendo la principal función de la institución educativa, la adaptación a la miseria capitalista como condición de vida.

La perspectiva academicista hacia la educación dentro de las (J)aulas aísla a las y los discentes tanto de los conocimientos teóricos-metodológicos que puedan servirles para transformar su realidad, así como también los aísla de su contexto social, cultural, histórico, económico y político, volviendo entonces la práctica y el ejercicio educativo en algo irreal, atemporal, hipotético y superfluo.

Las paredes de la academia no dicen nada, no hablan, tampoco las estatuas y monumentos; estos solo son símbolos del estado. Las y los que hablan son los que transitan por los pasillos de la academia, las y los que observan estas edificaciones con las que no se sienten identificadas/identificados, pues encapsulan historias sobre lucha, cambios y justicia, pero no representan en ningún sentido estas concepciones.

Las que hablan son las personas, las luchas, los movimientos sociales, que no han cesado desde el proceso de colonización con pensadores críticos/pensadoras críticas como Violeta Parra, Elvia Carrillo Puerto, Víctor Jara, Lucio Cabañas Barrientos entre otras y otros; que lucharon por la libertad ante las injusticias sociales de su época, y luchar por la libertad es no consentir la dominación de los pueblos. Lxs pensadorxs críticxs siembran, cosechan, organizan, luchan comparten, analizan y reflexionan en colectivo, mientras que el pensador alienado y dogmático proporciona, transmite, otorga y juzga.

Ser pensador crítico dentro de un estado capitalista patriarcal conlleva una responsabilidad social e histórica enorme que recae en los hombros de cada una y uno de los que coexisten dentro de estos contextos. La educación no debería fungir como herramienta del estado para alienar a sus discentes, sino que debería fungir como formador integral de vida que los impulse a luchar ante las crecientes injusticias, violencias y demás formas de terrorismo de estado en las que inevitablemente estamos inmersas todas las personas. 

Se necesita como sociedad una nueva forma de percibir y ejercer la educación, que las y los seres humanos intervengan dentro de su realidad y de forma colectiva luchen en contra de las condiciones míseras de vida que genera y promueve este sistema capitalista patriarcal, contra las diversas problemáticas sociales y culturales que aprisionan a las y los seres humanos dentro de un ciclo parecido a la esclavitud y en donde la otredad sea un símbolo de la unidad, de la empatía y la ética.

Cada docente y discente debe tener un posicionamiento definido ante la realidad que experimenta. Es fundamental posicionarse de manera clara y radical, vivirse y de expresarse con una intención política como respuesta y reacción ante las problemáticas del país, porque si algo le debe quedar claro a todas las personas que habitan este país es que lo personal es político.

La juventud debe asumir su rol revolucionario dentro de la sociedad capitalista patriarcal para que, a través de la fundamentación teórica y su deconstrucción ideológica, puedan incidir de manera directa o indirecta en su sociedad; que esta no solo acumule conocimientos, sino que pueda llevar la teoría a la práctica, praxis.

Educar y preparar de manera teórica, filosófica, ideológica, política y práctica a las y los jóvenes, esa es la responsabilidad social gigante que tienen las y los docentes de nuestro momento histórico para poder hacer frente a todas las problemáticas que cada vez nos sumergen más en un país bélico. En este sentido, es entonces responsabilidad de las y los docentes no solo formar de manera integral a las y los discentes, sino también luchar contra la pedagogía hegemónica, la pedagogía alienante en la que inevitablemente estará inmerso a la hora de ejercer su práctica.  

Se lucha por objetivos claros, éticos, y políticos, la emancipación de las y los seres humanos de cargas sociales, culturales, históricas y políticas en las que somos moldeados desde que nacemos frente a un estado que genera la desigualdad e injusticias sociales, contra la violencia que ejerce hacia sus pobladores, por el incremento de oportunidades de desarrollo integral a las que tienen acceso las personas que habitan el país, y de manera drástica el derecho a vivir en paz y de manera digna. Esto solo se puede lograr con la instauración de la dictadura del proletariado para poder entre todas y todos construir nuestro camino hacia el socialismo, porque ¡Solo en el socialismo, otro mundo es posible!

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