El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, una fecha que, desde sus orígenes, ha estado íntimamente relacionada con los movimientos socialistas y comunistas del mundo. Esto se debe a que nuestra lucha, la lucha por el progreso, es inseparable de la lucha contra el patriarcado.

Por lo tanto, entendemos que este es un día de reconocimiento y visibilización, pero no representa el inicio ni el fin de nuestra labor. Hoy no es 8 de marzo, pero nuestro trabajo es constante, consciente y crítico, y se extiende a todos los días del año y a todos los ámbitos de nuestra organización.

Sabemos que las estructuras patriarcales atraviesan a la sociedad, desde sus bases económicas hasta sus expresiones culturales e ideológicas, así como sus divisiones laborales y sociales de carácter sexogenérico. También sabemos que, por el simple hecho de declararnos en contra de este sistema, no podemos pretender que ha dejado de existir ni ignorar la influencia que ejerce sobre las posibles situaciones de violencia dentro de la Juventud Comunista de México.

El Protocolo de Atención a las Violencias con Perspectiva de Género es un mecanismo creado con la intención de visibilizar y atender estas problemáticas. Sin embargo, garantizar la seguridad y la integridad de la militancia es una responsabilidad colectiva, y el protocolo es solamente una herramienta que contribuye a este propósito.

El uso adecuado de esta herramienta implica observar y denunciar activamente las situaciones de violencia que ocurren a nuestro alrededor. Mantener el silencio y asumir una actitud pasiva ante ellas constituye una forma de complicidad que va directamente en contra de nuestros estatutos.

De la misma manera, no podemos mantener una actitud pasiva frente a nuestras propias herramientas. Debemos buscar activamente su revisión y actualización crítica, de acuerdo con las condiciones concretas en las que son utilizadas.

El enfoque del protocolo no se sustenta en el sistema punitivo del Estado burgués, sino en la resolución de los conflictos mediante el análisis de las condiciones que los generan, la reparación de los daños, la responsabilidad política y la reflexión crítica.

Sin embargo, dentro de sus fundamentos teóricos, el glosario del protocolo recupera definiciones provenientes de instituciones gubernamentales y burguesas. Estas definiciones se encuentran limitadas en su capacidad de analizar las condiciones que producen las violencias, pues tienden a naturalizar las divisiones sexuales sobre las cuales se sostiene el sistema patriarcal.

Aunque el uso de estas definiciones puede proporcionar un marco legal para la aplicación del protocolo, dicho marco no debería priorizarse por encima de la construcción de un fundamento teórico sólido y revolucionario. Este fundamento debe permitirnos criticar al patriarcado no solamente en sus expresiones superestructurales, sino también en sus bases materiales, y fortalecer nuestros esfuerzos para combatirlo.

Este artículo constituye una pequeña parte de esos esfuerzos. Busca incentivar a la militancia a familiarizarse con el Protocolo de Atención a las Violencias con Perspectiva de Género y a utilizarlo para velar por la integridad de sus camaradas.

Asimismo, pretende aportar una crítica que permita reforzar la utilidad del protocolo como herramienta, reconociendo nuestro lugar dentro de la corriente histórica que dio origen a la conmemoración del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora y que continúa luchando por el progreso.

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