El pasado 29 de junio, la comunidad de Santa María Ostula celebró 14 años de su levantamiento en defensa de la vida y en contra de la maquinaria de muerte encarnada por el Estado y el crimen organizado. En esta celebración, una delegación de la Juventud Comunista de México estuvo presente para felicitarles en su aniversario y también para reafirmar nuestra solidaridad y apoyo en el trabajo.

Quince años de resistencia, autonomía y defensa del paraíso en vida. Durante este tiempo, muchos compañeros han regado con su sangre las tierras para que florezca la esperanza y la dignidad.

Fue en 2009 cuando la comunidad nahua de la Costa-Sierra michoacana dijo ¡Basta! y recuperó una parte de las tierras que les pertenecen desde hace más de quinientos años. Estas tierras les fueron arrebatadas a través de diversos procesos de despojo, algunos institucionales y otros mediante la violencia. En ese año, se fundó la encargatura de San Diego Xayakalán, un espacio central para la defensa del territorio, materializando así la recuperación mediante los hechos.

Es claro que para los poderosos, resulta problemático que Ostula esté organizada y que su Guardia Comunal defienda a las comuneras y a los comuneros sin claudicar. Este proceso representa una amenaza para los intereses de empresas extranjeras y del narcoestado que opera en Michoacán y en todo el país. No es casualidad que los militares, la marina y los grupos que se disputan las rutas del tráfico de drogas hayan atacado históricamente a la comunidad. Además, Santa María Ostula es un faro y una brújula para las luchas de abajo y a la izquierda de México y el mundo.

En Xayakalán se respira lucha, sin importar si azotan huracanes o si los terremotos sacuden las casas; el trabajo conjunto y solidario reconstruye lo que sea necesario. La palabra “comunidad” cobra sentido, la seguridad es una tarea colectiva y cotidiana, y la tierra proporciona el sustento necesario. “Para todos, todo”.

La fiesta de aniversario reúne a otras luchas que ven en Ostula un referente de organización, lucha y dignidad. Las niñeces juegan, corren y nadan en el mar mientras hay comisiones que se encargan de alimentar a todas y todos, y la Guardia Comunal se mantiene siempre atenta. Durante esta celebración, se puede observar lo fuerte que es la organización, la disciplina y el seguimiento de los acuerdos para asegurarle a todas las personas un cálido recibimiento.

La celebración es en sí misma una recuperación de la memoria histórica. Se habla de los tiempos antes del levantamiento, de los asesinatos, la represión y las desapariciones desde 2009 hasta la fecha. A los más jóvenes se les comparte la importancia de continuar luchando, de defender la comunidad y de trabajar por lo común. Se recorre parte del territorio recuperado y las niñas y los niños escuchan con atención las palabras de las autoridades. “Aún hay territorio por recuperar”, afirman frente al micrófono. Falta lo que falta.

Después de la fiesta, viene el trabajo. En esta ocasión, además de celebrar otro año de vida de Xayakalán y la recuperación del territorio, nos sumamos a la convocatoria realizada por la Escuela Campesina y el Ejido Campesino Zapatista del Sur para apoyar en la construcción de algunas viviendas que sufrieron daños estructurales tras el terremoto del 19 de septiembre de 2022.

En medio del primer día de trabajo, el huracán Beatriz cobró fuerza, lo que resultó en la destrucción de nuestro campamento y en la necesidad de buscar refugio. No hubo percances mayores, salvo árboles caídos, algunas láminas voladas y ligeras inundaciones. Al día siguiente, el sol fue inclemente y el trabajo tuvo que continuar su curso.

Logramos apoyar en un par de casas de compañeros comuneros y comuneras, quienes siempre nos han recibido con los brazos abiertos. Aunque los cuerpos estaban cansados, nos invadió la satisfacción del deber cumplido y de poder devolver, de manera solidaria, un poco de lo mucho que la comunidad ha hecho por la vida.

La sal del mar y el sonido de las olas se complementan con las gigantes montañas y los altos árboles verdes que las cubren. “Nunca más un México sin nosotros, nunca más un México sin Ostula” fueron algunas de las palabras que resonaron el día de la celebración, el 29 de junio.

Después del trabajo, más fiesta. Después del segundo día de trabajo, la comunidad de Xayakalán estaba nuevamente de fiesta, pues concluyó un ciclo escolar importante para niñas y niños, hombres y mujeres, abuelas y abuelos. Fue la promoción de tres grupos: de inicial a preescolar, de preescolar a primaria y la graduación de sexto de primaria. La emoción no solo era palpable, sino compartida. En 2009, la escuela no existía, pero ahora en 2023 se celebra el tránsito de estas generaciones, por quienes el trabajo, la lucha y los sacrificios cobran sentido. En conversaciones con compañeros padres de niñas y niños celebrados, nos compartían lo lejano e imposible que esto parecía cuando se levantaron.

En Ostula, se puede comprender con los sentidos la alegre rebeldía y la alegría de construir los sueños colectivos que los de arriba nos niegan. Existe la posibilidad de vivir siendo dueñas y dueños de nuestro trabajo, nuestra tierra, nuestra historia y nuestro futuro.

¡Por muchos años más de victorias y enseñanzas!
¡Viva Santa María Ostula y su Guardia Comunal!
¡Nunca más un México sin Ostula!

¡Sólo en el socialismo otro mundo!

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