Por: Paola Cosio
Un joven militante desarrolla una propuesta de finanzas: vender lonches de chilaquiles en su universidad. Debido a que, contándole, en su colectivo existen sólo tres militantes y el resto tienen horarios complicados de trabajo, decide enviar su propuesta directamente a la secretaría de finanzas estatal . La iniciativa del joven es recibida de manera inmediata con una reprimenda; el secretario general rechaza la propuesta a nivel estatal, porque no pasó primero por su colectivo: ‘‘Estas no son Nuestras Formas’’, le dice.
Así que el joven presenta la propuesta al colectivo y el resto de la militancia responde que, si bien es una muy buena idea, ningunx cuenta con tiempo para cocinar debido a sus condiciones laborales, por ello, le incitan a subir su propuesta a nivel estatal y enviarla directamente a la secretaria de finanzas, para que ella pueda ayudarle a conseguir militancia de otros colectivos que colabore en la tarea. El militante, confundido, comenta la respuesta que obtuvo del Intermedio. ‘‘¿Por qué no aprobaron tu propuesta?’’ –responde su secretaria general con molestia– ‘‘¡Esas sí no son Nuestras Formas!’’.
El ejemplo descrito anteriormente ocurre con frecuencia dentro de nuestra organización, en particular, en Guadalajara. Constantemente, propuestas o meras ideas son rechazadas o preaprobadas bajo el falso argumento de la posible compatibilidad con ‘‘Nuestras Formas’’. El problema que subyace a la utilización a diestra y siniestra de esta muletilla (principalmente por miembros de la dirección, o por quienes tienen mayor tiempo de militancia) es, por una parte, la abstracción de esta noción, y por otra, el antidialéctico tradicionalismo que constantemente acecha organizaciones como la nuestra.
En este artículo, no intentaré definir cuáles son ‘‘Nuestras Formas’’, sino que analizaré ambas problemáticas mencionadas y, finalmente, plantearé posibles soluciones a las mismas.
Abstracción y concreción
Hablemos en primera instancia, sobre el contenido abstracto de emplear el recurso de ‘‘Nuestras Formas’’, y porqué eso sí no son nuestras formas (ba-dum-tsss). Dentro de la epistemología marxista, en específico, en el marxismo leninismo, sabemos que una premisa se acerca a ser verdadera en tanto más concreta sea. Por ello, cuando decimos que algo son ‘‘Nuestras Formas’’, ¿a qué nos estamos refiriendo, concretamente?, ¿forma parte de nuestros estatutos?, ¿ya ha sido teorizado por nuestra organización en alguna tesis?, ¿ha sido aprobado en algún congreso?, ¿es congruente con el materialismo histórico, o el materialismo dialéctico?, ¿obedece a los principios del centralismo democrático?
Si, al afirmar que algo es o no es acorde a ‘‘Nuestras Formas’’, somos incapaces de ligarlo con una serie de premisas concretas, entonces estamos haciendo una afirmación nebulosa y vacía que carece de validez política, por lo menos, dentro del marxismo leninismo.
En lo particular, he percibido que al usar estas palabras mágicas, algunxs camaradas han querido referirse a dos aspectos: al centralismo democrático y a algo más abstracto, pero no por ello menos interesante; a nuestros valores. Si bien el centralismo democrático forma parte de los fundamentos ideológicos de nuestra organización, comprende un conflicto interpretativo intrínseco: para algunxs camaradas la tendencia o predominancia de la centralización es lo más relacionado con ‘‘Nuestras Formas’’, mientras que para otrxs lo es la democratización. Afortunadamente no hay consenso en esta materia, lo que genera que sigamos el centralismo democrático por lo menos de manera accidental.
La discusión sobre ‘‘nuestros valores’’ –creo yo– requiere un estudio mucho más profundo, al cuál podríamos acercarnos de diversas maneras, entre ellas, con la utilización de herramientas participativas y longitudinales, preguntar a diferentes generaciones de nuestra militancia qué valores identifican en su quehacer político que han sido adquiridos o fomentados dentro de nuestra organización. Sin embargo, las respuestas a este ejercicio también podrán develar un vicio que, hasta ahora, parece inescapable: la tradición.
Tradicionalismo Antidialéctico
“Cambia, todo cambia”, es la hermosa síntesis que cantó Mercedes Sosa, rindiendo tributo a la dialéctica. No obstante, aunque este principio quizá sea el más sencillo de comprender de la dialéctica, es tal vez al que más fallamos, en los hechos, las organizaciones marxistas.
Nuestra necedad, terquedad, ortodoxia, o cualquier otra palabra fuerte y dura que describa la renuencia al cambio, es una contradicción evidente con lo que hemos reconocido como nuestro fundamento filosófico. Este error histórico, repetido una y otra vez por muchas organizaciones, incluso ha sido justificado bajo la sobrextensión ad infinitum (o hasta donde es conveniente) de la categoría de ‘‘revisionismo’’. Y antes de agitar más el avispero, permítanme realizar una aclaración urgente para el texto: el revisionismo sí existe, y sí puede ser perjudicial, sin embargo, acusar toda propuesta de cambio como revisionismo sólamente es un triste síntoma de organizaciones condenadas a la extinción. Por ello, cuando decimos que algo son o no son ‘‘Nuestras Formas’’, sólo porque siempre lo hemos hecho de la misma manera, sin tener alguna razón de peso para su repetición inmutable, entonces corremos el riesgo de actuar de manera conservadora y reaccionaria dentro de una organización que pretende ser revolucionaria.
Así lo prevenía Marx en el 18 Brumario (1852):
‘‘La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal’’
Si bien el texto citado fue escrito para diferenciar las revoluciones burguesas de las proletarias, realizando una crítica a las primeras, la descripción de este fenómeno no deja de ser atingente a nuestras condiciones interorganizativas casi 200 años después.
Así, hoy mismo, vemos cómo orillamos a nuevas generaciones de la militancia a repetir las mismas formas que nosotrxs empleamos, simple y sencillamente porque otrxs las emplearon antes que nosotrxs sin detenernos a cuestionarnos por un segundo si esas formas les sirven actualmente a las nuevas generaciones, si nos sirvieron a nosotrxs, e inclusive, si les sirvieron a quienes nos antecedieron. ¿Cómo entonces, prevenimos el revisionismo en su acepción negativa? No nos abrumemos… crítica y autocrítica, crítica y autocrítica, y crítica y autocrítica. Y aquí encontramos el principal problema de la fórmula ‘‘Nuestras Formas’’: el candado de la crítica.
Solución Síntesis
Por último, si decimos que algo son o no son ‘‘Nuestras Formas’’, como el hechizo que coloca un punto final al diálogo, estaremos incurriendo en un error metódico, o en otras palabras, estaremos pecando de no seguir nuestras formas. La primera solución es relativamente sencilla, aunque pueda ser incómoda, tensa, o molesta: debemos someter nuestras creencias sobre ‘‘Nuestras Formas’’ a la crítica colectiva, para diferenciar si algo efectivamente es el resultado de las experiencias colectivas acumuladas, o si por el contrario, solamente son ‘‘Mis Formas’’ como resultado individual de mi socialización, mi educación, mi crianza, mi entorno, y mi historia.
La segunda solución, ligeramente más compleja, pero totalmente alcanzable, es la investigación sobre nuestras formas. Acuerdos como el tomado en el V Congreso sobre la sistematización de experiencias, y herramientas de diagnóstico participativo como las empleadas en la Escuela de Formación Política en el 2026, son pasos claves que tenemos para comprender, desde el centralismo-democrático, quiénes somos y hacia dónde vamos. Nuestra organización no es lo que las nuevas generaciones de militantes creen que es, pero tampoco es lo que las generaciones pasadas creyeron que sería para siempre.
Nuestro VI Congreso será un espacio donde se responderá la pregunta: ¿Haremos uso de nuestras formas revolucionarias, como comunistas, o haremos uso de las formas reaccionarias, como burgueses?

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