El 22 de mayo partió del Distrito Federal la caravana hacia La Realidad, para rendirle homenaje al compa Galeano y solidaridad a las bases de apoyo zapatistas (BAZ) ante los recientes ataques paramilitares. El viernes 23 nos encontramos en San Cristóbal de las Casas para reunirnos con el resto de las caravanas provenientes de Chiapas, Oaxaca y otros estados. Arribamos al Caracol I “La madre de todos los caracoles”, el sábado temprano por la mañana, para llevarnos con la sorpresa que éramos miles los que con tan corto aviso habíamos hecho la maleta para llegar a aquellas lejanas y rebeldes tierras.
Una vez más, dentro del caracol, los zapatistas nos vuelven a mostrar su organización al haberse trasladado bases de apoyo de los cinco caracoles así como milicianos, todos portando su ya tan conocido pasamontañas
El homenaje se podría decir que se dividió en tres diferentes momentos:
En un primer tiempo, las BAZ se formaron debajo del templete (se podían ver miles de pasamontañas) y los milicianos empezaron a cerrar filas frente de ellos. A la voz del comandante Tacho los milicianos empezaron a avanzar hacia enfrente (hacia nosotros) y comienza la canción “Como la cigarra” de Mercedes Sosa. En ese momento aparece el subcomandante insurgente Marcos montado a caballo. Se empiezan a escuchar murmullos y la gente se levanta para alcanzar a ver, pues después de siete años y muchos chismes sobre su estado de salud se vuelve a mostrar para asombro de todos. Después suena la canción “Latinoamerica” de Calle 13, y aparecen otros siete jinetes portando uniformes de comandantes, entre ellos el subcomandante Moises y se enfilan en medio del campo, Marcos detrás de ellos. Primero saludan hacia los civiles y después se voltean y hacen el saludo hacia las BAZ.
Pasadas las cinco de la tarde, el subcomandante insurgente Moises da lectura al documento de la comandancia general respecto a los hechos ocurridos el 2 de mayo en donde de manera cobarde y violenta matan al compañero Galeano, quien formaba parte de la Junta de Buen Gobierno del Caracol La Realidad. Habla de la digna rabia que se tiene y que esa rabia es contra el capitalismo.
Porque, lo que hicieron al compañero Galeano es mano del capitalismo y a cualquiera le hubieran hecho y asesinado a otros compañeros de este pueblo y así las tienen planeada los malos gobiernos en contra nuestra, como organización EZLN.
El mal gobierno, su plan es asesinar al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.
El mal gobierno quiere y sigue queriendo, de que nos volviéramos como ellos, que están manchando de sangre a un compañero luchador, que no se vendió, no se rindió y no se desvió.
Los malos gobiernos piensan y quieren, que nos matemos entre Indigenas.
Quieren que perdamos nuestras cabezas, quieren que seamos más locos que ellos, quieren que seamos más asesinos que ellos, para decir en los medios vendidos, que los tienen comprados, que es un problema intracomunitario.
Y esto es lo que le responde a los pinches malos gobiernos:
NO somos limosneros.
NO recibimos sobrantes de sus mesas.
NO buscamos ni recibimos migajas.
Buscamos gobernarnos con nuestros pueblos de México, con Justicia, Libertad y Democracia.
NO somos las y los zapatistas que hablan con ellos.
NO hablamos con malos gobiernos hoy y siempre.
No tenemos ni un tantito de confianza a ésos sin cerebro.
Por último, pasada la media noche, el subcomandante insurgente Marcos (ahora Galeano) anuncio que dejaría de existir. El EZLN como un ejército para la vida decidía dejar aquel personaje, aquella “botarga”, por un compañero que no merecía morir, quien todo su empeño, su sacrificio cotidiano, puntual, invisible, fue por la vida.
Y para que esa impertinente que es la muerte quede satisfecha, en su lugar de Galeano ponemos otro nombre para que Galeano viva y la muerte se lleve no una vida, sino un nombre solamente, unas letras vaciadas de todo sentido, sin historia propia, sin vida.
También se hace un breve recorrido de lo que han sido sus 20 años de lucha, en donde eligieron cultivar la vida en lugar de adorar a la muerte. Y que después de ese primero de enero de 1994, donde se levantaron en armas, y que la construcción de lo que tienen hoy no hubiera sido posible sin haber tomado ese derecho legítimo a la violencia revolucionaria como el mismo subcomandante dijo, vinieron muchas preguntas:
¿Preparar a los que siguen en la ruta de la muerte?
¿Formar más y mejores soldados?
¿Invertir empeños en mejorar nuestra maltrecha maquinaria de guerra?
¿Simular diálogos y disposición para la paz, pero seguir preparando nuevos golpes?
¿Matar o morir como único destino?
¿O debíamos reconstruir el camino de la vida, ése que habían roto y siguen rompiendo desde arriba?
Y elegimos.
Y en lugar de dedicarnos a formar guerrilleros, soldados y escuadrones, preparamos promotores de educación, de salud, y se fueron levantando las bases de la autonomía que hoy maravilla al mundo.
En lugar de construir cuarteles, mejorar nuestro armamento, levantar muros y trincheras, se levantaron escuelas, se construyeron hospitales y centros de salud, mejoramos nuestras condiciones de vida.
En lugar de ocupar un lugar en el Partenón de las muertes individualizadas de abajo, elegimos construir la vida.
Y dentro de estos años de lucha y resistencia ha habido cambios, y uno notorio es el relevo que se ha venido dando dentro de la comandancia, en donde no solo está el evidente, el generacional, en donde los que eran niños o todavía no nacían cuando el levantamiento ahora están tomando cargos, sino también el de clase y raza donde pasa del clase mediero mestizo al indígena campesino.
Terminada la lectura del documento las luces se apagan, Marcos sale encendiendo su pipa. Se hace el silencio. Se escucha una voz.
Buenas madrugadas tengan compañeras y compañeros. Mi nombre es Galeano, Subcomandante Insurgente Galeano. ¿Alguien más se llama Galeano?
Ah, tras que eso por eso me dijeron que cuando volviera a nacer, lo haría en colectivo.
Sea pues. Buen viaje. Cuídense, cuídenos.
Se termina el comunicado, entre murmullos la gente se levanta y se prepara para dormir. El viaje de regreso volvería a ser largo y había mucho que reflexionar.
Supimos y sabemos que una y otra vez habremos de defender lo que somos y como somos.
Supimos y sabemos que seguirá habiendo muerte para que haya vida.
Supimos y sabemos que para vivir, morimos.
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